[RetroPrueba] 1971 Authi Mini 1275 GT; Un pequeño de leyenda

UN POCO DE HISTORIA

Son muchas las personas que conocen la marca Mini, miles de conductores circulan a diario con los suyos con una bonita estética y afirmando conducir coches deportivosyo mismo os he hablado del Mini John Cooper Works 2016  y me gustó mucho su tacto en general, pero seguramente pocos de esos conductores se hayan parado a remontarse a los inicios del modelo y su filosofía.

Los actuales Mini están bajo el poder de BMW, pero no siempre fue así, por lo que hoy estoy aquí para volver al 1971 y contar lo que los coches querían decir.

En la década de los 50, el Mini fue un nacimiento debido a la necesidad que tenía Gran Bretaña de un vehículo de pequeñas proporciones y capacidad de movilidad, ya que la escasez de petróleo, y la crisis del sector así lo obligaban. Por tanto, la empresa British Motor Corporation (BMC) en 1957 puso al frente a Alec Issigonis, quien desarrollo el vehículo para la sociedad británica de entonces.

Este pequeño modelo goza de un glorioso pasado y una trayectoria en la historia automotriz rebosante de personalidad, y su fabricación corrió a cargo de muchos países y diversos fabricantes, por lo que no podía ser mejor contar con una unidad Authi Mini.

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Originalmente, nuestra unidad de hoy salió de fábrica siendo un Authi Mini 850 (Para los más entendidos, una unidad de la gama ADO-20)  pero a día de hoy y tras la historia que hoy os contaré, se ha convertido en un Authi Mini 1275 GT, ya que equipa su motor, el más potente ofrecido.

¿Un Mini español? Sí, realmente, ya que Authi (Automóviles de Turismo Hispano-Ingleses) fue una de las empresas encargadas en el mundo de construir al pequeño en su famosa fábrica ubicada en Pamplona entre los años 1968 y 1976, año en que cerró sus puertas.

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El Mini es famoso mundialmente y conocido por diversos motivos, entre los que se encuentran las tres victorias consecutivas del Rally de Montecarlo en los años 1964, 1965 y 1966.

También ha sido vencedor de otras muchísimas pruebas automovilísticas y Rallys a lo largo de la historia, pero su graciosa y simpática estética le ha llevado a protagonizar papeles de cine tan importantes como ser el coche de una persona que no me he resistido a nombrar y que espero que todos mis lectores recuerden, ¡Mr. Bean!

En la serie y sus películas, Mr. Bean fue el propietario de más de un ejemplar, siendo el más famoso la unidad verde con capó negro, unidad que ha sido testigo de las cómicas situaciones del personaje, y cuya imagen ha sido imitada en numerosos Minis alrededor del mundo.

Nosotros no somos Mr. Bean, ¡Pero somos casi tan payasos como él!

UN POCO DE NUESTRA HISTORIA

Muchas joyas en nuestro país descansan inevitablemente esperando a ser rescatadas o de lo contrario tendrán un trágico final. En 2011, nuestro afortunado Mini fue sustraído de una parcela en las cercanías de Robledo de Chavela (Madrid), y llevado por su nuevo dueño a un lugar mejor tras 20 años de abandono.

Borja, mecánico de aviones de profesión, es un buen amigo y otro de los dueños que ha cedido su coche completamente restaurado desde cero por el para que todos podáis disfrutar de su historia.

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Tres años, tres largos años han sido necesarios junto a sufrimiento y quebraderos de cabeza para restaurar el coche y devolverlo a las carreteras, ya que prácticamente solo se contaba con el chasis y algunos elementos más para iniciar el proyecto.

Como curiosidad, hoy hemos pasado por ese punto en nuestro largo trayecto que hemos conducido por los alrededores de todo Madrid para realizar la prueba y deleitarnos con la gastronomía.

EL COCHE

El Mini 1275 GT, equipaba un motor de 1275cc como su propio nombre indica que llega a rendir 70 CV de potencia que entrega a sus ruedas delanteras y con un peso en vacío de aproximadamente 600 kilos.

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Posee doble carburador y la unidad que ves equipa doble filtro cónico de potencia como una de las pocas modificaciones de un estado final genuino. La caja de cambios tiene 4 marchas, suficientes para la potencia y manera de funcionar que posee.

Su carrocería como ya todos sabemos es cuadrada y muy pequeña, con 3058 cm de largo, 1380 cm de ancho y  1278 cm de alto. Su forma es sencilla, y su conjunto de elementos cromados le sientan a la perfección a ese color British Racing Green, tal vez el más emblemático y acertado para el coche.

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En el interior encontramos la sencillez absoluta hecha coche, careciendo de prácticamente todos los elementos que encontramos normalmente montados en un coche actual.

En el salpicadero, el Mini cuenta con un ovalo de borde cromado que alberga una esfera principal y acompañándola, otra de tamaño notablemente inferior a cada lado.

En la esfera principal, nos indica la velocidad y los kilómetros totales, y un pequeño marcador nos indica la gasolina de la que disponemos. En el reloj de la izquierda, somos informados de la presión del aceite, mientras que en el de la derecha de la temperatura del agua. Adicionalmente hace poco incorporo un cuentavueltas. ¿Calefacción? Sí, pero con condiciones.

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Ya que para que la calefacción actué debemos bajar las ventanillas a través de sus pequeñas manivelas una rendija en cada lado, y aun así, si eres muy friolero o tienes problemas de espalda este no es tu coche.

Por la parte superior asoma una tapa cromada del conocido cenicero que equipaban, y a juego sus pequeñas palancas cromadas de mando te dan la opción de encender las luces o hacer funcionar los limpia parabrisas.

Carecer de radio y de todo elemento multimedia hace especial su habitáculo, y te invita a que tu única preocupación sea disfrutar y conducir.

Eso si vas delante, si vas atrás en alguna de sus tres restantes plazas disponibles, quizá tu preocupación sea darte un castañazo contra otro coche, ya que carece de cinturones en la parte trasera. Los Airbags tampoco están presentes, ni el ABS, ni control de tracción, ni ningún otro elemento de seguridad…

Parte de culpa de la rigidez de la que ahora hablaremos son sus suspensiones y esos tacos de goma que montan.

La postura de conducción es muy chocante en un principio. Recuerdo el día en que me senté a conducir por primera vez y me encontré con un espacio suficiente para una persona de altura media, pero una disposición de elementos de lo más peculiares. Su enorme y fino volante hace que vayas con las manos muy abiertas, mientras que los pedales están extremadamente juntos y salidos, lo que te obliga a encoger mucho las piernas y juntar los pies.

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Por el contrario, sus asientos tapizados en piel negra si no eres muy alto son cómodos, y puedes levantarlos fácilmente para acceder al interior ya que no lleva anclajes traseros.

En el salpicadero encontramos una repisa que recorre el ancho del coche para dejar nuestras pertenencias, pero si tenemos previsto afrontar muchas curvas será mejor que no, ya que no dejan de moverse y golpear. En los laterales de sus asientos traseros, y su escaso maletero es donde podremos depositar objetos de mayor volumen.

PASAMOS A LA ACCIÓN

Describir las sensaciones que te otorgan el Mini tras su volante es tarea complicada.

Un peculiar VW Beetle del año 1975 nos acompaña unos kilómetros hasta nuestra primera parada, juntar al pequeño con unos cuantos clásicos más, pero pronto emprendimos camino en busca de terrenos revirados y carreteras pequeñas, lugar donde encuentras el mayor encanto a sus mandos.

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Nada más empiezas a conducirlo te das cuenta de varias cosas, como que el Mini es un coche tremendamente ágil, cualidad que otorga facilidad de conducirlo en todo tipo de terrenos, especialmente en ciudad. Domar el tacto de su embrague y acelerador al principio es tarea para expertos.

Su imagen hace justicia a su capacidad dinámica, y su dureza son equiparables a ir montado sobre una tabla de madera con ruedines de carrito de supermercado. Authi Tabla 1275 GT, debió llamarse al iniciar su fabricación española.

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Sus pequeñas llantas de 10 pulgadas con frenos de tambor y  pases de rueda en color negro rematan su imagen.

El tacto de sus frenos es simplemente impactante para un conductor de un modelo posterior al año 2000, pues para detener el coche es necesario hundir el pie con mucha fuerza. Te acabas haciendo, pero sin duda es uno de los puntos más chocantes.

Llegamos a zonas viradas, y el trayecto se ha hecho largo debido al cuantioso ruido que inunda el habitáculo. Tanto el ruidoso motor como falta de aislamiento por doquier consiguen que, en autovía y a unos 100 Km/h tengas que hablar en un tono de voz muy elevado para entenderte con tu acompañante.

Rodar con un coche de 45 años de edad hace que los trayectos doblen su dificultad si estás cansado o simplemente tienes ganas de llegar a tu destino.

El sonido de su motor es muy bonito y deportivo, y como comento en ocasiones algo exagerado, pero hace que conducirlo sea placentero en la mayor literalidad del término.

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Diantres, el coche tiene fuerza y rabia en bajos y medios, y su reducido peso se nota mucho en la aceleración, que logra sorprender a quien lo conduce… ¡y a quien va detrás!

Lograr subir una carretera a un ritmo ágil es posible y casi inevitable, pues el Mini tiene la cualidad de hacer sacar el piloto que llevas dentro cuando estas ante un tramo revirado.

Suena el móvil, es una llamada de mi coche acompañante, el cual me indica que debo reducir el ritmo para lograr conseguir las fotografías. ¡Ups…!

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La dirección, que como imaginas no es asistida, logra encarrilar el coche con mucha dureza y precisión, mientras que su rigidez torsional y firmeza frente a la carretera que transitas es solo comparable a la ya muy sonada figura de un Kart. Mientras circulas con el coche, te acompaña la sensación de ser un muelle viviente que se contrae y descontrae dentro del habitáculo.

El balanceo de carrocería es inexistente, y tras efectuar cambios de dirección con elevada rapidez, se mantiene en la misma posición original de manera asombrosa. Impresiona, pues este fin de semana he conducido 5 coches diferentes, y el resto tiene balanceo sea poco o mucho, pero la percepción de las curvas permaneciendo completamente recto es percibible desde un principio.

A mediados del día, es necesario rellenar el aceite y comprobar algunos elementos. Así es, ¡De vuelta en los 70! Porque trasladarse a su época a sus mandos te obliga a trasladarte en todos los aspectos, y eso es algo que a un purista le fascina.

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Su visibilidad es excelente ya que en todo momento puedes apreciar la posición de sus aletas en los giros cerrados y su corto morro e inexistente culo hacen fácil maniobrar con él, eso sí, tienes que pelearte con el volante, pues a baja velocidad su dureza es tarea de gimnasio.

En cuanto a su caja de cambios, es una caja reservada únicamente para los amantes de los cambios manuales. Su recorrido es extremadamente corto, y puedes sentir en cada movimiento los engranajes acoplarse en la posición que demandas. Es dura, pero dura de verdad, y con mala leche, ya que si te estas planteando reducir sin que el motor este relajado, es necesario un examen psicotécnico previo para lograr encontrar la posición idónea al efectuar el cambio. Su tacto es tan duro y puro, que hace que al bajarte y subirte a cualquier otro coche te resulte que estás cambiando con una caja de cambios de mentira.

Sí, el mini es extremadamente robusto en todos los sentidos, y no iban a quedarse fuera sus frenos, que como ya comente más arriba, implican hacer una fuerza tremenda para detener el coche. Posiblemente fueran unos frenos potentes para la infraestructura y automoción de su año, pero indudablemente son poco efectivos para lo que acostumbramos hoy en día ante una situación peligrosa. Conducirlo con efectividad se hace una tarea complicada, y sin duda sería un coche difícil de entender para aquellos conductores que arrastran una “L”.

La excursión va tocando a su fin, y tras haber sorteado de manera casi milagrosa la mayor parte del día a la lluvia, esta hace presencia. Después de visitar algunos lugares emblemáticos y de la época, es hora de dejar descansar al pequeño inglés nacido en España.

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Tras una cantidad decente de kilómetros y una agradable jornada en su compañía, el Mini me deja claro su carácter deportivo, robustez y dureza en su manera de conducción, pero también un aspecto entrañable, nostálgico y divertido. La sencillez de una época, la sensación de conducir, una mecánica básica, son elementos de un coctel que muchos optamos por preservar y proteger.

Circular entre el tráfico e ir a la altura de las puertas de un turismo normal, atraer miradas y sonrisas por doquier, su altísimo sonido, conducir un coche divertidísimo y adictivo, y que con una formula tan sencilla lograse convertirse en uno de los iconos más importantes de la automoción, es todo un privilegio.

Prueba Authi Mini 1275 GT

Por último, quiero desde aquí agradecer una vez a más a mi amigo y propietario del vehículo Borja Godoy por hacer que la prueba haya sido posible, a Ana por acompañarnos gustosa tantos kilómetros en su coche y colaborar en la fotografía, y a Álex por su colaboración en fotografía y en todo cuanto haga falta.

  • Autor: Pablo Román
  • Fotografía: Pablo Román, Ana Encinas, Álex López